
Ese día no paso nada más. Simples frases cortas e insinuaciones leves e inofensivas. Al día siguiente en la tarde nos encontramos en el chat. Hablamos de la película de lo que había pasado en el teatro los toques de pierna etc., pero todo quedo en broma y en comentarios de doble sentido. Convinimos que al siguiente día nos encontraríamos en un lugar no muy cercano a nuestras casas. Para mi las cosas se iban tornando, muy emocionantes. Encontrarnos a escondidas tiene un encanto especial. Es algo que conlleva peligro, riesgo y que me puede llevar a terrenos de lo desconocido. Por eso sin problema acepte y establecimos la hora de las 4 de la tarde para nuestro furtivo encuentro. Así fue que llegada la hora estábamos en el sito que habíamos establecido. Esa tarde lo ví esplendoroso. Su amplia sonrisa y sus siempre, bellos ojos brillantes. Saludo de rigor. Palabras cortas y comentarios cortos. Entramos a una cafetería tomamos gaseosa. Salimos de allí y nos dirigimos a un callejón poco transitado. En esas me toma de los dos brazos y me acerca hacia el, apretándome un poco y me dice en forma muy cariñosa:
O: Quiero un beso tuyo..
Y: Estas loco!!! Acá es imposible!!! Hay Gente!!
O: Eso no me importa
Y: A ti no, pero a mi sí. Que tal pase alguien y nos vea en estas?
O: Pues, que importa que se sepa de una. Alguna vez se sabrá, que importa que sea desde ahora?
Y: A mí sí me importa. Y no quiero que se sepa y menos que sean lenguas chismosas que van a llevar cuentos de cosas que no nos convienen.
O: Pero.. Estamos lejos de las casas, que peligro hay??
Y: Todos!!!
Como pude me zafe y Salí delante de Oskar, quien no intento nada para detenerme. A los pocos pasos me alcanzó y puso su mano derecha sobre mi hombro izquierdo y me dice:
O. Me perdonas?
Y: Si pero no lo vuelves a intentar .. Los dos nos reímos y seguimos caminado. Al cabo de los minutos, llegamos a un sitio que es conocido como El Humedal de Córdoba. Es un lugar protegido por las autoridades ambientales, ya que es un paso obligado para las aves migratorias que vienen del sur del continente en busca de mejores climas para su procreación. Allí nos detuvimos; la tarde estaba fría. Amenazaba lluvia (como siempre en Bogotá) y estuvimos un rato caminando por los lados de unas canchas de tenis. Había dos adultos haciendo ejercicio. Y una pareja jugaba tenis. El silencio era total, interrumpido solo por el golpeteo de la pelota con la arena y luego con la raqueta. Se oían si los cantos de pájaros y el movimiento de arboles causado por el viento y que mas hacia el sur, van formando un pequeño bosque, que no es muy tupido, pero si permite que alguien se pueda esconder en algunos sectores y evitar ser visto. Era circunstancial nuestra llegada al bosquecillo. Yo sé que Oskar no lo premedito y yo tampoco. Instintivamente nos fuimos acercando al bosque. Íbamos uno al lado del otro. Tan pronto traspasamos el lugar y ya no veíamos a nadie y seguramente nadie nos veía a nosotros, caminamos un poco mas rápido, casi corremos, para escondernos en un paraje húmedo, frio, pero hermoso. Cual niños, empezamos a jugar a las escondidas. El adelante y yo atrás, o al contrario. Nos escondíamos tras los troncos de los arboles. Solo nos reíamos. Era una nueva diversión que habíamos encontrado. No se escuchaban voces distintas a las nuestras y también a nuestras risotadas. Ya cansados de corretear y con los zapatos llenos de barro y hojas, nos detuvimos bajo la sombra de un frondoso eucalipto.
No había mas remedio, era nuestro primer encuentro cercano y el que nos iba permitir entrar en una comunicación sensorial importante.

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