lunes, 16 de marzo de 2009

Te quiero...!




Los días siguieron pasando y la rutina de mi vida poco o nada cambio, a excepción de que mi pensamiento estaba más centrado en la figura de Oskar que en cualquier otra cosa. Empecé a sentir esa desesperación de una comunicación que nunca llegaba. El teléfono sonaba y tan pronto lo escuchaba se aceleraba mi ritmo cardiaco y el deseo a punto de concretar de hablar con Oskar, me daba el animo suficiente para contestar el repique. Varias veces esa alegría se desvaneció porque no era la voz que esperaba encontrar al otro lado de la línea. Pero cuando ese momento llegó, la aceleración y el gusto se convirtieron en nerviosismo y hablaba cosas sin mucho sentido. Que idiota mi comportamiento. Pero es que al fin alguien de carne y hueso, una persona real, me estaba moviendo el piso. Nuestras conversaciones diarias telefónicamente se limitaban a saber de cómo estaban nuestras actividades, que habíamos hecho ese día o la noche anterior. Era una rutina que solo buscaba encontrar mas cosas en común que distantes de nosotros mismos y que con el tiempo tendrían que ser parte de nuestra incipiente relación de amistad. No sabría anticipar si de pronto, esto nos llevaría a algo más. Sin duda, estábamos en un procedimiento normal de madurar nuestra amistad. En un de esas llamadas, me sorprendí, cuando al final de la misma y utilizando un tono más bajo pero perfectamente audible, Oskar se atrevió a lanzar esa frase, a veces comprometedora, pero llena de significado: Te Quiero. A lo cual y en forma muy espontanea, le respondí: También yo.
Fue, el abrebocas para tener la seguridad de entender, para dónde iba nuestra relación. Claro, que es lógico pensar, que hay varias formas de querer. Yo quiero a mucha gente y la quiero de verdad, por fuera de mi núcleo familiar. Quiero amigos que son entrañables para mí y de quienes nunca esperaría un reproche por decirles que los quiero. Pero el sentido, como Oskar lo decía, era totalmente diferente y mi respuesta también lo era. Empezamos ascender la escalera de una relación que se iba afianzando con lentitud, pero con seguridad.